Mis huesos dijeron no
Olga A. Villaverde, 64, Narón (15570)
Mover los ejes de coordenadas, partir de cero o mirar otros horizontes no es fácil. No me gusta cambiar las normativas, pero me obligaron. Y mi cuerpo crujió. Mis huesos dijeron no. Aquel día cayó el mundo, mi mundo. Mis brazos dejaron de levantarse y comencé a ver el universo a ras de suelo. No es lo mismo mirar a vista de oruga que a vista de pájaro. Me deslicé suavemente sobre una alfombra de gel lejos de las alturas para adaptarme a una nueva perspectiva, sin sospechar que se puede renacer de la nada más absoluta.