LA OSCURIDAD QUE NOS ILUMINÓ
NURIA, 40, CAMPONARAYA
Sin electricidad, todo parecía un desastre.
Pero, poco a poco, el silencio dejó paso a las conversaciones, las risas y los juegos olvidados.
Las velas iluminaron los rostros, el tiempo dejó de correr y las familias redescubrieron el placer de estar juntas.
Ya entrada la noche, una madre miró por la ventana y vió que la luz había vuelto.
Sonrió en silencio.
Cerró la cortina.
Regresó a la mesa.
El parchís, las carcajadas y las velas seguían ganándole la partida a la electricidad.
Hay luces que solo se encienden cuando se apagan las demás.
Pero, poco a poco, el silencio dejó paso a las conversaciones, las risas y los juegos olvidados.
Las velas iluminaron los rostros, el tiempo dejó de correr y las familias redescubrieron el placer de estar juntas.
Ya entrada la noche, una madre miró por la ventana y vió que la luz había vuelto.
Sonrió en silencio.
Cerró la cortina.
Regresó a la mesa.
El parchís, las carcajadas y las velas seguían ganándole la partida a la electricidad.
Hay luces que solo se encienden cuando se apagan las demás.