Federica
Mario Lamas, 44, Cunit
Empujada por una emoción ignorada, Federica sujetaba su vida al permanente cambio. Evitar rutinas consagrándose al arte de la metamorfosis y desenraizarse para no ser árbol sino semilla que germina donde quiera, fue su modus vivendi. Por eso, modificaba constantemente su aspecto, corte de pelo, trabajo, ciudad e incluso país donde habitar. Cambiar de máscara según la ocasión estaba implantado en su ADN; acomodarse, un objetivo a rehuir. “El cambio es movimiento y este, vida”, solía decir. Pero se engañó.
Enferma, por fin comprendió aquella emoción ignorada: había sido tantas personas diferentes por miedo a ser ella misma.
Enferma, por fin comprendió aquella emoción ignorada: había sido tantas personas diferentes por miedo a ser ella misma.