Federico
Mario Lamas, 44, Cunit
Consagrado a un perenne estatismo, Federico rechazaba cualquier tipo de cambio. Estaba convencido de que su seguridad pasaba por establecer férreas y estudiadas rutinas, y que cualquier pequeña modificación provocaría un cambio que haría tambalear su equilibrio. Como un árbol enraizado en lo más hondo del bosque de la existencia, Federico nunca cambió de casa ni de trabajo. Tampoco cambió dinero, bombillas o pila alguna. Siempre la misma ropa, el mismo libro e idéntico menú. Cada día, una monótona repetición como garantía de estabilidad.
A sus 80, Federico teme la muerte: el auténtico, irreversible y definitivo cambio.
A sus 80, Federico teme la muerte: el auténtico, irreversible y definitivo cambio.