Estaciones
Sandra, 25, Santiago de Compostela
Nos hicimos una promesa.
Recuerdo tu última caricia, como un copo de nieve fundiéndose sobre mi piel; tu último «te quiero», un susurro convertido en eco eterno.
Tu último silencio, la calma que precede a la tormenta.
Llegaron tus lágrimas. Tantas que, al mirarte, pensé que acabaría ahogándome en tus ojos.
Me sumí en un infinito invierno.
Te veo llegar. Has traído nomeolvides.
Sé lo que me vas a contar. Nunca he dejado de verte.
El invierno se derrite en mis lágrimas.
Tus ojos están húmedos, pero no estás triste.
Al final, había llegado la primavera.
Recuerdo tu última caricia, como un copo de nieve fundiéndose sobre mi piel; tu último «te quiero», un susurro convertido en eco eterno.
Tu último silencio, la calma que precede a la tormenta.
Llegaron tus lágrimas. Tantas que, al mirarte, pensé que acabaría ahogándome en tus ojos.
Me sumí en un infinito invierno.
Te veo llegar. Has traído nomeolvides.
Sé lo que me vas a contar. Nunca he dejado de verte.
El invierno se derrite en mis lágrimas.
Tus ojos están húmedos, pero no estás triste.
Al final, había llegado la primavera.