CAST / GAL

El destino es despedirse
Pedro, 19, Vilamarin

Debería llorar. Extrañar. Sufrir.
Egoísmo humano, supongo: querer que, al girar la manecilla del reloj, volviese a sonar la melodía de su pelo, esa que hacía danzar mi corazón cada vez que reía.
Pero ¿qué más da?
Ahora solo acaricio una piedra en lugar de sus mejillas.
Huelo rosas secas en vez de su alegría en flor.
Ojalá el viento me devolviese su voz.
No sé… tal vez este era el destino: despedirnos, o tal vez solo yo despedirme.
Doy un beso al suelo.
Así, sin rito ni testigos, entierro contigo lo último que quedaba vivo en mí.
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