Futuro campeón
Q, 33, Valencia
A sus 12 años Simón carga con el peso que todos le cuelgan.
“Ya puede ser un prodigio del tenis, con lo que nos cuesta”, murmura asiduamente papá.
Le enseñó su abuelo. Momentos antes de morir, profetizó que triunfaría y los libraría de la escasez.
Mamá nunca se queja, pero sus ojos desbordan agotamiento al recogerlo cada noche. Se mudaron a la gran ciudad para entrenar a diario; trabajar el doble, sus hermanas lejos... “Lo que haga falta, es tu destino”, le suaviza.
Tampoco hoy Simón habla durante la cena, no encuentra las palabras adecuadas para decirles que lo deja.
“Ya puede ser un prodigio del tenis, con lo que nos cuesta”, murmura asiduamente papá.
Le enseñó su abuelo. Momentos antes de morir, profetizó que triunfaría y los libraría de la escasez.
Mamá nunca se queja, pero sus ojos desbordan agotamiento al recogerlo cada noche. Se mudaron a la gran ciudad para entrenar a diario; trabajar el doble, sus hermanas lejos... “Lo que haga falta, es tu destino”, le suaviza.
Tampoco hoy Simón habla durante la cena, no encuentra las palabras adecuadas para decirles que lo deja.