CAST / GAL

No corras
OlgaGz, 41, Poio

En un pueblo olvidado por el sol, los relojes se detenían al nacer cada niño. Nadie escapaba a su hora marcada. El destino, una sombra sin rostro, escribía nombres en las paredes con sangre seca. Los ancianos murmuraban que luchar era inútil: todo estaba sellado antes del primer aliento. Una mujer huyó, cruzó montañas, cambió de nombre. Años después, encontró su epitafio tallado en una piedra que no recordaba haber visto. Cayó de rodillas, comprendiendo que el destino no se esquiva, solo se disfraza. En ese instante, el viento susurró su último segundo. Y la tierra la tragó sin ruido.
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