Cuando el viento vuelve
Samuel Fernández, 29, Vigo
Cada mañana, ella dejaba una taza de café frente a la silla vacía, por costumbre, por amor o por no soltar del todo. Decía que él volvería, que el destino solo se había desviado un momento. Años después, al airear la casa, una mariposa entró por la ventana y se posó justo ahí, en su taza. No lloró. Sonrió, acarició el borde de la cerámica y susurró: “Llegaste tarde, pero llegaste”. Luego, por fin, dejó la puerta sin cerrar.