El premio equivocado
CLARA, 46, VALLADOLID
Convencida de vivir algo único, no vio cómo él la malquería: sin golpes ni gritos, con actitudes sutiles a ojos ajenos. El miedo al cambio era su freno: a la soledad, al desamparo de su hijo, a que al final del camino luchado no estuviera el premio de una familia feliz.
Pero la falta de aire venció al temor y cruzó la puerta con el niño de la mano.
Se acostó en una cama extraña esperando la tormenta. En su lugar, halló un silencio tibio. El cambio traía refugio, no ruina.
Tras quince años, durmió del tirón.
Pero la falta de aire venció al temor y cruzó la puerta con el niño de la mano.
Se acostó en una cama extraña esperando la tormenta. En su lugar, halló un silencio tibio. El cambio traía refugio, no ruina.
Tras quince años, durmió del tirón.