Tierra ocupada
ALBA, 37, Cerceda
Le habría hecho profundamente feliz cantar con ellos.
Cuando lo trasladaron a su nuevo hogar, empezó a escuchar cánticos, pero hablaban un idioma extraño. En los bosques centenarios, los animales y los árboles se unían en una melodía perfecta que no lograba descifrar. Quiso crecer rápido para comprender, pero no funcionó.
La soledad agrió su carácter y se solía cuestionar el significado de su vida. La respuesta llegó en forma de hombres con motosierras. La caída fue dura: su grito desgarró el bosque. Los arboles comenzaron un nuevo cántico para despedirle. No era culpa del australiano lo que estaba pasando.
Cuando lo trasladaron a su nuevo hogar, empezó a escuchar cánticos, pero hablaban un idioma extraño. En los bosques centenarios, los animales y los árboles se unían en una melodía perfecta que no lograba descifrar. Quiso crecer rápido para comprender, pero no funcionó.
La soledad agrió su carácter y se solía cuestionar el significado de su vida. La respuesta llegó en forma de hombres con motosierras. La caída fue dura: su grito desgarró el bosque. Los arboles comenzaron un nuevo cántico para despedirle. No era culpa del australiano lo que estaba pasando.