Volando
Ali Tormes, 53, Villares de la Reina
—¿Vas a llegar a tiempo?
—Claro, tonta. Cómo si tengo que ir volando.
—No corras, ¿vale?
—A las cinco estoy ahí. Prometido.
Colgaron.
Él se subió a la moto.
Ella llegó puntual, como siempre. Miraba el reloj. Miraba la calle.
Cinco y cinco.
Cinco y veinte.
Cinco y treinta y cuatro.
Marcó su número. Saltó el buzón de voz.
Envió un mensaje: “¿Dónde estás?”
A las cinco y cuarenta y uno, sonó su móvil. Número desconocido.
—¿Eres la pareja de…?
No escuchó el resto.
Se quedó sentada. Fría. Inmóvil.
Dicen que el destino no avisa.
Pero a veces… llama.
—Claro, tonta. Cómo si tengo que ir volando.
—No corras, ¿vale?
—A las cinco estoy ahí. Prometido.
Colgaron.
Él se subió a la moto.
Ella llegó puntual, como siempre. Miraba el reloj. Miraba la calle.
Cinco y cinco.
Cinco y veinte.
Cinco y treinta y cuatro.
Marcó su número. Saltó el buzón de voz.
Envió un mensaje: “¿Dónde estás?”
A las cinco y cuarenta y uno, sonó su móvil. Número desconocido.
—¿Eres la pareja de…?
No escuchó el resto.
Se quedó sentada. Fría. Inmóvil.
Dicen que el destino no avisa.
Pero a veces… llama.