La señorita Allenwood
Javelin Throw, 50, A Coruña
Esperando inquieto en el andén me giraba una y otra vez hacia el enorme reloj de la estación. Deseaba detener esas odiosas agujas. Incluso obligarlas a retroceder y que todo volviera a ser como antes. De la mano de mi padre, yo le daba mil vueltas a la triste idea de lo diferente que sería mi vida a partir de la llegada de la señorita Allenwood. Mi progenitor, recientemente viudo, había tenido una intensa relación epistolar con aquella mujer extranjera y ahora la esperábamos en Coruña. Habían decidido casarse aunque aquella sería la primera vez que se vieran en persona.