CAST / GAL

SIN TI
NAREVAR, 22, A Coruña

El amor no muere de golpe; se extingue en las pequeñas renuncias cotidianas. Todo comenzó con el silencio. Ya no tenía nada que decirme al llegar a casa. Luego dejó de reírse, de mirarme. Volvimos a ser desconocidos.

Por eso decidí acompañarla en su último trayecto, en silencio, aprovechando cada segundo a su lado. Pero cuando se sentó sobre el frío cemento y miró, con lágrimas en los ojos, la lápida con mi nombre grabado, comprendí que los cambios son la consecuencia de nuestras decisiones. Y para remendar mi error fatal, debía dejarla sanar.
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