Instante suspendido
Xela86, 39, A CORUÑA
Cruzó la calle sin mirar, como siempre. El coche se detuvo a un palmo de su cuerpo, tembloroso por el frenazo. El conductor, furioso, bajó del coche. La rabia desapareció. Treinta años no habían bastado para olvidar esos ojos que ahora, de nuevo, lo estaban mirando. Permanecían inmóviles y atrapados por la fuerza de un recuerdo que nunca se fue. El aire se volvió denso, como si la ciudad entera contuviera la respiración. El destino, puntual como siempre, había esperado en silencio. Allí, entre bocinas y pasos apresurados, comprendieron que la vida todavía les debía una conversación.