DESTINO
Pernas, 76, A Coruña
Eran otros tiempos, se recibían y se escribían cartas, pero ella jamás me contestó y el tiempo acabó borrándola, aquellos ojos enormes, oscuros, el pelo negro, brillante y cortado a nivel de la nuca, el pasillo sucio del tren que nos devolvía a casa. A mí, la vida me ofrecía mil posibilidades a la vuelta de hacer la mili en África y ella otro tanto tras unas vacaciones en una Residencia de la Sección Femenina. Un encuentro fortuito y una noche de charlas y confidencias. Nos escribiremos. Pero tomó mal mi dirección y sus cartas nunca llegaron a su destino.