La luna y la hormiga
Ana Belén, 28, Barbate
Finalista
Una noche cualquiera, la Luna iluminó a una hormiga obrera que la miraba con envidia.
—Si yo fuera tan grande —dijo la hormiga— no temería a nada.
—Y yo —respondió la Luna—, quisiera ser tan pequeña, tan ágil.
Ambas creían que la otra tenía una vida más fácil.
La hormiga se quejaba del trabajo; la Luna, de la soledad.
Al hablar, comprendieron que ninguna vida es perfecta.
—Desde aquí veo tu esfuerzo —dijo la Luna.
—Y yo, tu luz —respondió la hormiga.
Así, cada noche charlaban.
Y aprendieron a valorar lo propio, sin desear lo ajeno.
—Si yo fuera tan grande —dijo la hormiga— no temería a nada.
—Y yo —respondió la Luna—, quisiera ser tan pequeña, tan ágil.
Ambas creían que la otra tenía una vida más fácil.
La hormiga se quejaba del trabajo; la Luna, de la soledad.
Al hablar, comprendieron que ninguna vida es perfecta.
—Desde aquí veo tu esfuerzo —dijo la Luna.
—Y yo, tu luz —respondió la hormiga.
Así, cada noche charlaban.
Y aprendieron a valorar lo propio, sin desear lo ajeno.