Puente invisible
Volvoreta, 59, Ponteareas
Viajaba por un camino conocido, sin esperar sorpresas. De repente, apareció una curva inesperada y un abismo ante mí. Lloré por mí y por quienes amo, creyendo que el viaje terminaba allí. Lloré por paisajes y momentos que pensé perdidos para siempre. Pero alguien tendió un puente invisible y me ayudó a cruzar, dándome una fuerza que no creía tener. Cinco años después, sigo caminando con esperanza. El destino no se rompió; solo me enseñó que a veces hay que cruzar lo invisible para llegar a casa.