GIRO AL DESTINO
CARLOS, 66, BARCELONA
Pablo entró en la autopista. Conducía al límite de la velocidad permitida. De pronto, tras una curva, vio las luces rojas que se iban encendiendo en todos lo coches que tenía delante. Era la señal inequívoca de que había una atasco pocos metros más allá.
Sabía que frenar no le serviría de nada, estaban demasiado cerca los coches, y presintió, con resignación inexplicable el choque que iba a producirse con sus consecuencias.
Pero, un segundo después, salió de ese estado de atolondramiento que le hacía asumir su destino, dio un volantazo y esquivó el atasco y el inevitable golpe.
Sabía que frenar no le serviría de nada, estaban demasiado cerca los coches, y presintió, con resignación inexplicable el choque que iba a producirse con sus consecuencias.
Pero, un segundo después, salió de ese estado de atolondramiento que le hacía asumir su destino, dio un volantazo y esquivó el atasco y el inevitable golpe.