La primera tarde
José R. Torres, 36, Cáceres
Volvió a casa después de una misa sencilla. La conocían y sabían que quería estar sola. Agradeció el tacto de sus hijas, de su madre, de todos. Tanto una alegría fingida como demasiado dolor habrían sido demasiado para ella.
Aún estaba en la nevera el medio café de la mañana que siempre, sin excepción, se acababa por la tarde, sus llaves en el recibidor y su abrigo en la percha.
El primer paso fue terminarse su café, mientras miraba cómo el sol vespertino le arrancaba al césped reflejos dorados.
Todo estaba igual, pensó, pero al mismo tiempo, todo había cambiado.
Aún estaba en la nevera el medio café de la mañana que siempre, sin excepción, se acababa por la tarde, sus llaves en el recibidor y su abrigo en la percha.
El primer paso fue terminarse su café, mientras miraba cómo el sol vespertino le arrancaba al césped reflejos dorados.
Todo estaba igual, pensó, pero al mismo tiempo, todo había cambiado.