CAST / GAL

La vela
Alejandra II, 54, Burgos

Estaba oscuro como boca de lobo. Avanzaba despacio, intentando no tropezar con los bancos de madera que adivinaba dispuestos de forma transversal.
Al fondo, un resplandor azulado captó su atención y sintió curiosidad. A pesar de lo surrealista de la situación, le pareció una idea genial. Tras un rápido vistazo a la selección de productos, escogió la vela mediana. Parecía de buena calidad y duraría varias horas encendida.
Por suerte, la máquina aceptaba billetes. Tras el estrépito de la vela al caer en el cajón, una voz metálica resonó en la iglesia vacía: "¡Su cambio; gracias!".
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