La Última Estación
BOSSA, 43, RIBEIRA
El tren llegó con el mismo silbido de siempre, pero nada era igual. Mi madre me abrazó con fuerza y sonrió para esconder las lágrimas. Yo llevaba una maleta pequeña y un futuro enorme. Al cruzar la puerta del vagón comprendí que crecer no era cumplir años, sino atreverse a dejar atrás lo conocido. Mientras el paisaje cambiaba tras la ventana, también cambiaba yo. Nunca regresé siendo el mismo, porque algunos viajes transforman el corazón antes incluso de llegar al destino.