CAST / GAL

Pa qué las prisas
MAFALDA, 51, TALAVERA DE LA REINA

El policía persigue al ladrón. Ambos corren veloces, fugaces, como si les fuera la vida en ello. Amanece: el ladrón zigzaguea, madura, le crece barba, le salen ramas; el policía trepa por ellas, luego se baja (por vértigo) y compra un coche (a plazos). Al mediodía el ladrón se casa, y con el dinero alquila un piso franco (sin doble sentido).
Anochece: se jubilan, se persiguen en andador, en silla de ruedas, hasta que, al fin, de madrugada, se encuentran en el geriátrico:
—Huy, perdona, no eras tú —dice el poli.
El ladrón lo mira, confuso:
—¿Sabes jugar al tute?
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