La distancia exacta
Natalia, 16, Cáceres
El último oficio del mundo fue el de afinador de despedidas. Ajustaba la distancia exacta entre dos personas para que ninguna palabra sobrara cuando llegara el adiós. Trabajó hasta que una mañana descubrió que ya nadie se despedía: todos cambiaban de vida sin hacer ruido, como los árboles cuando desplazan sus raíces bajo la tierra. Cerró el taller, colgó la llave y caminó hacia su casa. Al abrir la puerta encontró a un desconocido viviendo allí. Le sonrió. Tardó un instante en comprender que el extraño era él.