La otra mirada
Cristina, 37, Lalín
Llegó el diagnóstico. Después, las citas, los informes y la medicación. Durante un tiempo solo supimos contar olvidos, tachones, impulsos y frustraciones. Creímos que aquello definía quién era. Nos equivocamos. Poco a poco descubrimos una curiosidad inagotable, una imaginación capaz de abrir caminos donde otros solo veían muros y una sensibilidad que apenas habíamos sabido reconocer. Él nunca dejó de ser el mismo. Quienes cambiamos fuimos nosotros. Entonces comprendimos que el verdadero diagnóstico no estaba en el informe, sino en la mirada de quien lo leía.