Decisiones
Eva Hernández, 53, Salamanca
No quise conformarme una vez más. Con un golpe certero rompí el cenicero de cristal, heredado vete tú a saber de quién. Las colillas se esparcieron por la tarima y un olor nauseabundo se ciño a mis fosas nasales. ¿Me sentía mejor? No, claro que no. Pero por fin iba a poner los puntos sobre las "ies". Me puse el abrigo sobre el pijama, cambié las zapatillas de casa por las viejas convers y cerré esa puerta para siempre. Mi primer destino, comisaria. El segundo ya veremos...