Mudanza.
Lucía Prada., 14, Madrid.
—Hijo, nos vamos en 10 minutos, ¿has metido todo en cajas? —me preguntó mi madre desde la puerta de mi habitación.
—No mamá, no he metido todo en cajas. Me faltan todos mis amigos, todos mis compañeros, todos mis profesores... ¿Cómo quieres que lo meta todo en cajas cuando lo más importante está fuera? ¿Cómo quieres que encierre una vida entera? —le respondí con desesperación.
—Ya cariño, pero este es nuestro destino y no podemos cambiarlo —me dijo mientras me abrazaba con cuidado, como si ella supiese que si lo hacía fuerte, me rompería todavía más.
—No mamá, no he metido todo en cajas. Me faltan todos mis amigos, todos mis compañeros, todos mis profesores... ¿Cómo quieres que lo meta todo en cajas cuando lo más importante está fuera? ¿Cómo quieres que encierre una vida entera? —le respondí con desesperación.
—Ya cariño, pero este es nuestro destino y no podemos cambiarlo —me dijo mientras me abrazaba con cuidado, como si ella supiese que si lo hacía fuerte, me rompería todavía más.