CAST / GAL

Un refugio perenne
Nubia, 45, Vigo

Al entrar en el jardín de mi nueva clienta, el problema saltó a la vista: solo había arbustos perennes. Todo era verde, inmóvil, sin flores ni estaciones. Le propuse plantas que brotan, florecen y se marchitan.

—¿Se mueren? —me preguntó.
—Sí. Y ahí está su belleza.
—Entonces no las quiero.

Comprendí que pasaba los días acompañando despedidas y que, al volver a casa, necesitaba un jardín sin finales.
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