Ausencias compartidas
Sera, 56, Lugo
El Vespino rojo seguía esperando en el garaje.
Mis amigos, no.
Al cerrar los ojos, todos volvieron a ocupar su sitio, como si el tiempo hubiera estado esperándonos.
Los abrí despacio.
No echaba de menos aquellos días en los que creíamos que la vida era infinita.
Echaba de menos a las personas que hacían posible creerlo.
Mis amigos, no.
Al cerrar los ojos, todos volvieron a ocupar su sitio, como si el tiempo hubiera estado esperándonos.
Los abrí despacio.
No echaba de menos aquellos días en los que creíamos que la vida era infinita.
Echaba de menos a las personas que hacían posible creerlo.