Cría
Jade, 43, Bezana
Una gran estría recorre mi cuerpo como una grieta. Antes yo era Pangea. Luego una línea oscura me abrió el vientre y por esa falla brotó ella. Ahora habito una piel nueva. Soy vaca que amamanta de madrugada, felina que vigila sombras, loba que huele el peligro tres habitaciones antes. Soy un útero que ya no sabe dormir si no la escucha respirar. Soy como el barro de Buño cocido a fuego. Una vasija de queimada que arde a oscuras, purificada por un hechizo antiguo. Y en el centro, ella sigue ahí, ajena al sismo, profundamente dormida sobre mi cicatriz.