Siguiente, por favor
Sheila, 52, Fuengirola (Málaga)
Como cada sábado, Laura se inclinaba por un albariño y Eduardo por un mencía. Luego él, guiñándole un ojo, colocaba en el carro su botella y unos bombones de licor de cereza.
Justo estaban haciendo el cambio de turno. Hoy no quería coincidir con ella.
—Malo será —pensó.
Se equivocaba. La nueva cajera era la misma que solía coquetear con él delante de Laura.
—Lamento mucho lo de tu mujer —dijo ella, bajando la voz.
Él asintió en silencio. Sacó los bombones y los deslizó sobre la cinta.
—Eran los favoritos de Laura. Espero que también sean los tuyos.
Justo estaban haciendo el cambio de turno. Hoy no quería coincidir con ella.
—Malo será —pensó.
Se equivocaba. La nueva cajera era la misma que solía coquetear con él delante de Laura.
—Lamento mucho lo de tu mujer —dijo ella, bajando la voz.
Él asintió en silencio. Sacó los bombones y los deslizó sobre la cinta.
—Eran los favoritos de Laura. Espero que también sean los tuyos.