CAST / GAL

Libertad
Libertad, 53, Valladolid

Parecía que todo el mundo se había puesto de acuerdo para una revolución: nos íbamos de vacaciones al pueblo, por fin.
Todos en nuestro sitio, llenando el pequeño auto, el mío con la cabeza entre los dos asientos delanteros, viendo la carretera desde palco preferente.
La llegada era una fiesta, nunca dije donde iba, no hacía falta.
La hoguera de San Roque que preparaba el abuelo Manuel, las sandías robadas de una huerta amiga, los bocatas de chorizo y chocolate, y sobretodo la sensación de que el verano era infinito.
Fuimos la última generación sin ataduras del planeta. Vaya cambio.
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