Una muerte anunciada
Lorea, 29, Tafalla
Sabía que algún día tenía que llegar ese momento. Siempre fui plenamente consciente de ello. Estaba escrito en su porvenir; de hecho, mi propia hermana —la que tejía— lo dejó bien claro: “accidente de tráfico”. Sin embargo, era yo quien debía cortar el hilo. ¿Y si no lo hacía? Hasta entonces, nunca había sucedido algo similar, pero al fin y al cabo, nunca antes una parca se había enamorado de un simple mortal… ni dudado tanto con las tijeras en la mano.