Lotería del destino
Todos Tenemos Magia, 63, A Coruña
Ganó la lotería el día que le dieron 48 horas de vida. Su familia lo envolvió en abrazos calculados, susurros de consuelo teñidos de codicia. El notario, impasible, deslizó los documentos sobre la mesa polvorienta, bajo la luz mortecina de un candelabro.
—¿El testamento? —preguntó su esposa, con lágrimas frágiles, apretando un pañuelo.
Él sonrió, sereno:
—Lo gasté todo en pagar a alguien que viva por mí.
Un golpe en la puerta congeló la habitación. Nadie se movió. La sombra al otro lado del cristal parecía conocerlo todo.
—¿El testamento? —preguntó su esposa, con lágrimas frágiles, apretando un pañuelo.
Él sonrió, sereno:
—Lo gasté todo en pagar a alguien que viva por mí.
Un golpe en la puerta congeló la habitación. Nadie se movió. La sombra al otro lado del cristal parecía conocerlo todo.