Una historia de la ría
FIDEL, 66, Villaobispo Regueras
Desde niño acompañaba a su padre al tesón, esa isla arenosa que emerge en marea baja, donde abundan almejas y navajas. Muchos años después, una tarde de otoño, fue con su propia barca. Clavó el remo de ancla y se adentró en la meseta. Pero ocurrió que la marea regresó devorando la arena y dejando la embarcación a la deriva. Gritó con toda el alma hacia la costa: "¡¡Socorro, auxilio!!" No sabía nadar. Tiritaba ya, se lo tragaba el mar. Quiso la suerte que Leandro saliera en ese momento a fumar a la ventana que da justo a la ría.