Compañera de vida.
Juan Jesús, 60, Valladolid
Recostado sobre el césped miraba el cielo azul, rememorando los momentos mientras cientos de imágenes pasaban por mi mente como una ráfaga, sentí la calidez de la mano que sostenía la mía, gire mi cabeza en dirección a ella para encontrarme con aquellos ojos que, aunque ya eran opacos a causa de las cataratas, aún podía ver brillo en ellos, nuestro cabello gris y las arrugas confirmaban qué habíamos envejecido —¿volviste? —así es, amor, respondí.
El Alzheimer podía llevarme a lugares desconocidos, pero mi alma siempre encontraba la manera de volver a ella; nacimos destinados para este momento.
El Alzheimer podía llevarme a lugares desconocidos, pero mi alma siempre encontraba la manera de volver a ella; nacimos destinados para este momento.