Alas para volar
Maria del Pilar, 59, Valladolid
Pasó varios días devorando hojas, convencida de que el mundo terminaba en el borde de esa rama.
Un día se encerró en un capullo y todo cambió. En la oscuridad su viejo cuerpo se transformó lentamente. Cuando aquella envoltura se abrió, ya no era la misma, ya no podía arrastrarse como antes. Se asustó.
Extendió sus alas húmedas, las secó al sol y se lanzó al aire. Desde arriba vio el jardín entero por primera vez.
Entonces comprendió que se había convertido en alguien capaz de llegar mucho más lejos que antes.
Un día se encerró en un capullo y todo cambió. En la oscuridad su viejo cuerpo se transformó lentamente. Cuando aquella envoltura se abrió, ya no era la misma, ya no podía arrastrarse como antes. Se asustó.
Extendió sus alas húmedas, las secó al sol y se lanzó al aire. Desde arriba vio el jardín entero por primera vez.
Entonces comprendió que se había convertido en alguien capaz de llegar mucho más lejos que antes.