El jardín del vecino
David Amaranto, 32, Oleiros, A Coruña
Siempre que Jacobo salía para trabajar, se fijaba en el jardín del vecino.
—¡Qué jardín tan maravilloso, Adrián! Lástima que tu mujer no haya podido verlo.
—Ya. El verano pasado estaba todo seco y ahora tiene las flores más grandes del barrio.
—¿Empezaste algún tratamiento especial?
—No. Es que ahora cuido más de mí y de mis intereses, y el jardín lo percibe. Crece mejor y con más fuerza.
—Una gran receta, Adrián.
—Al volver del trabajo, pasa por mi casa. Así me ayudas a poner más fertilizante.
Y, con una sonrisa maligna, volvió a entrar en su casa.
—¡Qué jardín tan maravilloso, Adrián! Lástima que tu mujer no haya podido verlo.
—Ya. El verano pasado estaba todo seco y ahora tiene las flores más grandes del barrio.
—¿Empezaste algún tratamiento especial?
—No. Es que ahora cuido más de mí y de mis intereses, y el jardín lo percibe. Crece mejor y con más fuerza.
—Una gran receta, Adrián.
—Al volver del trabajo, pasa por mi casa. Así me ayudas a poner más fertilizante.
Y, con una sonrisa maligna, volvió a entrar en su casa.