Nunca más
Fátima, 52, Ciudad Real
Nunca más descolgaría el teléfono. Dejaría agotarse el espacio de la bandeja de entrada de su correo, y la ranura de su buzón no admitirá más papel por pura incapacidad volumétrica. Ya veríamos cómo se las apañaba el destino para seguir amargándole la existencia.
-“Oiga, señor González, sigue ahí?”- se oía una voz al otro lado del auricular
Nunca más.
-“Oiga, señor González, sigue ahí?”- se oía una voz al otro lado del auricular
Nunca más.