Supervivencia
Alba Reigada, 35, Verín
Los sonidos de la noche eran suyos. Alguno de ellos la estaba acechando, intentando darle caza como al ochenta por ciento de la Humanidad.
Dio un paso y luego otro, entre la maleza.
Un sauce llorón chocó contra ella. Saltó hacia atrás y tropezó, cayendo. Aquellas viejas botas le hacían daño, las había cambiado por un trozo de pan años atrás.
Pisadas a su espalda.
Se levantó y echó a correr. No iba a pasarle, su futuro no era ese.
Más pisadas.
Corrió más y vio la entrada del refugio.
Su destino no sería convertirse en zombi.
Dio un paso y luego otro, entre la maleza.
Un sauce llorón chocó contra ella. Saltó hacia atrás y tropezó, cayendo. Aquellas viejas botas le hacían daño, las había cambiado por un trozo de pan años atrás.
Pisadas a su espalda.
Se levantó y echó a correr. No iba a pasarle, su futuro no era ese.
Más pisadas.
Corrió más y vio la entrada del refugio.
Su destino no sería convertirse en zombi.