CAST / GAL

El penitente
Pedro G., 56, Vigo

Ascendí penosamente a través de angostas veredas mientras una imponente luna guiaba mis pasos, cargando con el abrumador peso de la culpa a mis espaldas y soportando el gélido manto de rocío que escupía la madrugada. Despuntaba el alba cuando, desde la cima del cerro, divisé el pueblo emergiendo como un fantasma entre la niebla que circundaba un valle rodeado de majestuosos bosques. Multitud de chimeneas humeantes jalonaban el paisaje y sobre ellas se erguía intimidante la aguja de la iglesia. En la plaza principal se alzaba desafiante el cadalso sobre el que habría de reconciliarme con mi destino.
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