Hojas secas
Pati, 44, Moralzarzal - Madrid
Cada día, cruzaba los pasillos del colegio con la mirada baja y el corazón encogido. Las burlas y los empujones le habían hecho creer que el silencio era su única defensa. Sin embargo, una mañana, cuando volvieron a reírse de él, levantó la cabeza y, por primera vez, les sostuvo la mirada. Las risas comenzaron a caer al suelo como hojas secas y el eco de sus voces se apagó en los rincones del colegio. Por fin, el miedo había cambiado de dueño.