la dulce melodía de la vida, cambios, recuerdos y aprendizaje
Nezuko, 46, Valladolid
Nacemos como brote tierno, creados llenos de risas inocentes y tardes parecían eternas.
Sin embargo, el tiempo, sutil ladrón, nos va esculpiendo.
Crecemos entre el torbellino de la juventud, donde los sueños arden y el alma se curte de cicatrices que llamamos madurez.
En una metamorfosis silenciosa: la piel cambia, acumulamos despedidas y nuestras batallas propias empiezan a teñir nuestro cabello en plata.
Al final, en la quietud de la vejez, nos convertimos en un hermoso mapa de ausencias y recuerdos, comprendiendo que vivir no fue más que aprender a soltar, con nostálgica gratitud, el eco de lo que fuimos.
Sin embargo, el tiempo, sutil ladrón, nos va esculpiendo.
Crecemos entre el torbellino de la juventud, donde los sueños arden y el alma se curte de cicatrices que llamamos madurez.
En una metamorfosis silenciosa: la piel cambia, acumulamos despedidas y nuestras batallas propias empiezan a teñir nuestro cabello en plata.
Al final, en la quietud de la vejez, nos convertimos en un hermoso mapa de ausencias y recuerdos, comprendiendo que vivir no fue más que aprender a soltar, con nostálgica gratitud, el eco de lo que fuimos.