CAST / GAL

la muerte de un hada
Helena, 35, Ponferrada

La polución, cada vez más corrosiva, cubría el jardín junto al bosque. Entre la niebla tóxica, el hada, cegada y envenenada, agonizaba. El ruido de los coches era para ella un canto mortal. Sin luz ni colores, su cuerpo enfermizo y frágil se deshacía. Con un último esfuerzo, voló hacia una rosa carmesí que evocaba su antigua fuerza, pero perdió un ala en el intento. Cayó sobre los pétalos, su último refugio. Exhausta, exhaló su último aliento. Su espíritu quedó en la naturaleza, aunque el mismo veneno que la mató continuaba, avanzando con calma para consumirlo todo.
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