Aquí. Ahora. Juntos.
Narndel, 41, Burgos
La miré y no parpadeé. Sus ojos reflejaban la inmensidad del mar: a veces calmados, a veces tempestuosos. Me sumergí en su océano, predestinados a encontrarnos.
Con un ojo en el destino y otro en mi brújula, navegué contra viento y marea. Me dejé guiar por la sutil luz de un faro lejano: Galicia, que parecía llamarme incluso antes de nacer, dibujando en el mapa lo que estaba por venir.
Amando sin miedo al naufragio, comprendí que el verdadero destino del amor no es llegar. Es quedarse. Aquí. Ahora. Juntos.
Con un ojo en el destino y otro en mi brújula, navegué contra viento y marea. Me dejé guiar por la sutil luz de un faro lejano: Galicia, que parecía llamarme incluso antes de nacer, dibujando en el mapa lo que estaba por venir.
Amando sin miedo al naufragio, comprendí que el verdadero destino del amor no es llegar. Es quedarse. Aquí. Ahora. Juntos.