El remitente
Póstumo, 25, Valladolid
Primeiro premio
Cada mañana, Otto recibía una carta idéntica: "Hoy tampoco escaparás". No sabía quién la enviaba ni cuándo comenzó todo. Al principio se reía. Luego dejó de salir. Intentó no abrir el buzón, pero las cartas aparecían bajo la almohada, en los cajones, dentro del pan. Consultó abogados, curas, relojeros. Nadie comprendía. Una noche, soñó que quemaba todas las cartas; al despertar, ardía su cama. Desnudo, huyó al sótano y allí encontró una máquina que imprimía, incansable: "Hoy tampoco escaparás". La desenchufó. Nada cambió. Solo entonces comprendió que el destino no se escribe: se reimprime. Y siempre lleva su nombre.