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miki, 22, Ponteareas
Fue en aquel momento, sentada en el asiento trasero de un taxi modelo Austin fx4, cuando entendí que nada iba a ser como yo lo había planeado; que ese mundo que se escondía más allá de la tenue luz, visible a través del rocío en el cristal, ya había decidido por mí… o eso creía yo.
—¿A dónde vamos, señorita? —escuché de repente, saliendo de mis pensamientos y mirando hacia el hombre.
Por un momento dudé, mientras guardaba el revólver en el bolso.
—A casa. lléveme a casa.
—¿A dónde vamos, señorita? —escuché de repente, saliendo de mis pensamientos y mirando hacia el hombre.
Por un momento dudé, mientras guardaba el revólver en el bolso.
—A casa. lléveme a casa.