Agotado
Tropicamida, 52, A Coruña
En la Oficina de Cambios entregué mi timidez y pedí confianza.
La funcionaria consultó el ordenador y negó con la cabeza.
—Lo siento. Confianza, agotada. Solo nos queda soberbia.
Acepté.
Cinco minutos después regresé al mostrador.
—Esto no es lo que pedí.
La funcionaria sonrió sin sorprenderse.
—Claro que sí. Siéntese y espere su turno.
—¿Esperar? ¿Yo?
Marcó una casilla en mi expediente.
—Perfecto. El cambio ha sido un éxito.
La funcionaria consultó el ordenador y negó con la cabeza.
—Lo siento. Confianza, agotada. Solo nos queda soberbia.
Acepté.
Cinco minutos después regresé al mostrador.
—Esto no es lo que pedí.
La funcionaria sonrió sin sorprenderse.
—Claro que sí. Siéntese y espere su turno.
—¿Esperar? ¿Yo?
Marcó una casilla en mi expediente.
—Perfecto. El cambio ha sido un éxito.