D E S T I N O en el supermercado.
Carlos, 52, Pamplona
Dobló el pasillo de lácteos y creyó ver su futuro en una etiqueta amarilla.
Entre ofertas, eligió la cesta más ligera para que el corazón pesara menos.
Sin prisa, una canción del hilo musical marcó el paso de su esperanza.
Tomó la última caja de galletas y otra mano llegó al mismo tiempo.
Inevitable, la risa compartida rodó como una naranja por el suelo.
Nunca imaginó que pedir disculpas pudiera sonar a promesa.
Otro ticket, el mismo total: salieron juntos, para siempre, y la puerta automática aplaudió.
Entre ofertas, eligió la cesta más ligera para que el corazón pesara menos.
Sin prisa, una canción del hilo musical marcó el paso de su esperanza.
Tomó la última caja de galletas y otra mano llegó al mismo tiempo.
Inevitable, la risa compartida rodó como una naranja por el suelo.
Nunca imaginó que pedir disculpas pudiera sonar a promesa.
Otro ticket, el mismo total: salieron juntos, para siempre, y la puerta automática aplaudió.