Todo es ceniza
Nat., 47, A Coruña
Bajo el cielo plomizo, el monte ardía con la obstinación de una fiera que no se sacia nunca. Las llamas lamían las casas como si la fortuna a veces esquiva, quisiera cobrarse viejas deudas. Los hombres corrían con cubos de agua, sudor en la frente y miedo en las tripas; las mujeres rezaban bajo voz, como si Dios, entre tanto humo, pudiera escuchar algo. Los eucaliptos reventaban con un estallido seco, semejante a un disparo. Al día siguiente, solo quedó silencio y ceniza. Y en la ceniza, la certeza: Galicia arde porque así lo quiere el destino